miércoles, 4 de abril de 2012

El embargo de las 12 en punto - Parte III "Álfil blanco a torre negra"


Por Blas Barbas




7 de junio de 1981. Una agrupación de catorce cazas de combate acaba de entrar en el espacio aéreo de Arabia Saudí. Mientras el imperturbable grupo comienza a sobrevolar los campos de la región de Yauf, rumbo nordeste, se escucha un zumbido eléctrico por radio. Le sigue la presentación protocolar del control de vigilancia. Este les exige una identificación. Después hay silencio. Un silencio tenso que alerta a los saudíes, y no es hasta un minuto después cuando el comandante del extraño grupo responde. Dice que son una formación jordana de entrenamiento y que están desorientados. Pide paciencia a las autoridades saudíes para reorganizarse. Los saudíes les informan de que están encima de Yauf y la comunicación se termina tranquilamente.

El controlador saudí no lo sabe, pero le acaban de mentir. No se trata de aviones jordanos. Los aviones que acaba de dejar entrar en su espacio aéreo son de la Fuerza Aérea Israelí; seis F-15 y ocho F-16, estos últimos armados cada uno con dos bombas Mark84. Cada proyectil pesa una tonelada, tiene la capacidad de atravesar más de tres metros de cemento dejando cráteres de  quince de diámetro. Quizá por eso el apodo de la Mark84 sea “El Martillo”.

La misteriosa agrupación continúa volando por debajo de los radares. A los saudíes les han dicho que son jordanos y media hora antes, a los jordanos, le habían dicho que eran saudíes. Se trata de una operación de alto secreto que tiene como objetivo volar durante 1000 km hasta llegar Iraq, bombardear el reactor nuclear de Saddam Hussein y volver a casa. Nombre en clave Operación Babilonia.

La misión fue un éxito. Se inutilizó la capacidad nuclear iraquí. Más adelante vino lo de New York, Afganistán, y todo lo que mi generación sabe de sobra. O debería.

El actual tablero del que he hablado en los últimos 2 artículos plantea una situación similar: Irán, reactores nucleares y un Israel que no percibe de forma agradable este asunto. La diferencia está en que la ubicación de varios reactores iraníes no es conocida, o que están separadas de tal forma que se obstruye el elemento sorpresa. Por eso el ataque quirúrgico a las instalaciones, del que se habla continuamente estos días, no es posible. La opción militar se plantea como una guerra convencional en la que, en realidad, nadie quiere meterse gracias a, quizá, los sistemas de alianzas modernos. Hay una ligera tríada de intereses entre Irán-Rusia-China que, quizá por suerte, frena hasta ahora el aspecto militar.

¿Tiene occidente cartas para jugar? Sí, las tiene. Es lo que comúnmente se conoce como guerra no convencional.



Parte I y II

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