Por Blas Barbas
Es un enorme gigante de color gris que avanza entre las aguas a la sosegada velocidad de 56 kilómetros por hora, mientras se dirige directo al mar Arábigo, guardando en su interior 90 aeronaves de combate. El Vinson no está solo, por supuesto. Además de seguirle la veintena de buques que forman la 5ª Flota le acompaña en la zona otro portaaviones; el Abraham Lincoln. Ambas supernaves podrían estar navegando 10 años seguidos ininterrumpidamente sin necesitar soporte.
Un submarino nuclear, el Annapolis, se estuvo paseando por las cercanías del mar Arábigo el febrero pasado, mientras llegaban tres fragatas de la marina británica junto a las norteamericanas. No hace falta haber jugado demasiado al Age of Empires o al Risk para darse cuenta que la convención naval que hay frente al Golfo de Omán es importante. Y no es para menos.
Cuando Irán anunció que de disminuir las ventas de petróleo podría bloquear el estrecho de Ormuz, estamos hablando de cortar el punto donde pasa entre el 20% y el 40% del petróleo mundial. Y eso es mucho petróleo. Tanto, que de producirse el bloqueo de Ormuz por parte de Irán, se calcula que los precios subirían entorno al 50%. Esto sería un fuerte golpe para una economía mundial que se desplaza sobre el petróleo. Los tractores con los que se cultiva funcionan con gasóleo o gasolina, los camiones en los que se transporta la comida cultivada funcionan igual, los coches con los que vamos a comprar también. Cuando cuesta más comprar combustible más hay que subir el precio del producto final.
Esto explica que desde comienzos de 2012 hasta ahora, muchos hayan apuntado al Estrecho de Ormuz como punto donde se podría desatar, técnicamente, una tercera guerra mundial.


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